Archive for the 'ligue' Category

Es muy difícil aceptar que la persona amada se fue

Monday, September 6th, 2010

Nos cuentan:

Hola. Después de tomarme el trabajo de leer todos los mensajes, solo quería contar mi historia pero “desde el otro lado”, desde el lado del hombre casado. Quizás sirva de algo, la mayoría de los comentarios dicen o concluyen en que el hombre es falso, mentiroso, que solo quiere divertirse o probar algo mas, [...]

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Decoración para las mesas en otoño

Monday, September 6th, 2010

Nos cuentan:

mesas de otoño

El Otoño es una de esas épocas en la que todo se ve de colores ocres, naranjas, marrones, una estación que tiene mucho que ver con la tierra, por aquello que todos los árboles empiezan a perder sus hojas.

Por eso para vuestra boda que se celebra en otoño os aconsejo una  decoración  con un puntito de campo, que tal si en vez de flores utilizas hojas secas para los centros de mesa, o girasoles con ese maravilloso color amarillo apagado.

Las flores es lo que comunmente se usa para la decoración floral de las mesas del salón pero que te parece mezclar las flores con corteza, ramas de poda, líquenes, musgos, hongos, para darle un puntito de naturaleza a la decoración floral.

Decoración para las mesas en otoño es un artículo original de Amor.net.
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Aparte de la distancia, ahora él también esta distante

Sunday, September 5th, 2010

Nos cuentan:

Mi historia empezó, por casualidad, se podría decir.
Entre a un chat para ver como era y tal. La verdad, lo hice para pasar el rato. De algunos que me hablaron para tonterías, me hablo otro que era bastante majo. tenia 17 años, dos mas que yo. Lo malo es que vivíamos bastante lejos.
Lo agregue [...]

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Frase de “Adivina quién viene a cenar esta noche”

Sunday, September 5th, 2010

Nos cuentan:

Debéis ignorar a esos pobres diablos o compadecerlos porque son esclavos de sus prejuicios, fanatismo, ciegos odios y estupidos miedos y cuando llegue el caso debéis uniros el uno al otro estrechamente desafiando a esos mentecatos. Cualquiera podría poner un montón de objeciones acerca de vuestro matrimonio…pero la replica es tan sencilla que no se atreverán a ponerlas.

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Minivestido de Leitmotiv

Sunday, September 5th, 2010

Nos cuentan:

Próximamente tengo un evento muy especial, y me he puesto a buscar un vestido que vaya perfecto para una boda de día a finales de octubre. Así que me he puesto a buscar un vestido que encaje con mis gustos y con la ocasión. Estaba buscando un vestido corto y a ser posible estampado pero con colores no demasiado claros, ya que la boda es para ya entrado el otoño.

Pues bien, buscando, buscando he encontrado el vestido perfecto, un  minivestido de la firma Leitmotiv, elaborado en 100%  seda. Se trata de un vestido  corte imperio que está realizado en raso duquesa con un estampado de flores del bosque sobre un fondo oscuro, que lo hae más llamativo.

El precio de este vestido ronda los 290 euros, pero una ocasión especial lo merece.

Vía: yoox

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Somos de diferentes culturas, pero compartimos el mismo amor

Saturday, September 4th, 2010

Nos cuentan:

Hola. Quería compartir mi historia porque a través de esta página encontré a muchas chicas en una situación parecida.
Un día de abril abrí mi chat y en eso sin darme cuenta acepte la invitación de un chico. Finalmente, el me saludó y yo un poco cortante le respondí que no lo conocía y como [...]

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Falta muy poco para cumplir nuestro sueño

Saturday, September 4th, 2010

Nos cuentan:

Mi novio es argentino pero vive actualmente en Israel y yo vivo en Buenos Aires. Nos conocimos en el secundario, pero a los 15 años el se fue para allá y no nos volvimos a ver ni a hablar nunca mas.
Hace ya casi un año, nos reencontramos a través del Facebook y empezamos a [...]

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Doble faz

Saturday, September 4th, 2010

Nos cuentan:


Entre el 4% y el 6% de la población del mundo padece Trastorno Bipolar. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya la considera la sexta causa de discapacidad en el Planeta. Ante la evidencia, los especialistas reclaman un debate serio alrededor de este mal: ¿Se cura? ¿Es hereditario? ¿Quiénes lo sufren? ¿Por qué la familia es fundamental en el tratamiento? Mientras se optimizan los métodos para detectarla, reve- lamos los entretelones de una enfermedad que oscila entre la depresión y la euforia.

Adivina, adivinador… ¿Qué tenían en común Kurt Cobain, Ernest Hemingway, Mark Twain, Charles Dickens, Virginia Woolf, Ludwig van Beethoven, Edward Fitzgerald, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin y Vincent van Gogh? Según las infaltables malas lenguas, cada uno de estos geniales artistas padecía, aparentemente, de Trastorno Bipolar (TB).
El manto de duda no es al azar. El que tenga en su mano la historia clínica de estas celebridades, que tire la primera piedra. Pero lo que sí podemos afirmar es que, según diversos estudios internacionales, aproximadamente entre el 4% y el 6% de la población mundial pelea, a diestra y siniestra, contra alguna de las formas en las que se manifiesta esta enfermedad que genera una importante merma en las capacidades sociales y laborales de personas que suelen tener un nivel alto de instrucción. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la consideró la sexta causa de discapacidad en el Planeta.
Si bien el TB carga con una historia de larga data sobre sus hombros, surgen cada vez más, novedosas investigaciones acerca del tema. Sus resultados son, como mínimo, alarmantes: que afecta con mayor asiduidad a niños y adolescentes; que quienes lo soportan pueden pasar añares sin dar con el diagnóstico acertado; que se les dificulta conservar un empleo estable; y que, con respecto al resto de la gente, tienen veinte veces más riesgo de suicidarse y se separan de sus parejas el doble de veces.
“El TB es una condición muy frecuente en la cual el estado de ánimo oscila entre dos ‘polos’. En uno, de exaltación o euforia, el individuo está más enérgico, conversador, tiene menos deseos de dormir y se compromete en incontables actividades, incluso aquellas que son potencialmente peligrosas para su integridad. El otro polo es el de la depresión, en el cual el sujeto se siente decaído, desanimado, desinteresado y desmotivado, además de que le cuesta pensar y concentrarse. Los cambios anímicos exceden el hecho de estar contento porque ocurrió algo positivo o triste por alguna situación de pérdida”, aporta Marcelo Cetkovich, jefe del departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y jefe del departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Su colega, Hugo Urquina, investigador del laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de INECO, prosigue: “Los episodios depresivos se ven interferidos por la aparición de otros caracterizados por un estado de ánimo elevado (euforia excesiva), expansivo (hiperactividad anómala) o irritable. Las fases de exaltación alternan con depresiones intensas, con incapacidad para disfrutar y con ideas negativas”.
Las causas del TB son complejas, por eso, cabe señalar que se producen por variaciones en el funcionamiento cerebral normal. “Son sutiles alteraciones en la dinámica de los neurotransmisores y de los denominados ‘circuitos reguladores del humor’”, especifica Cetkovich. Agustín Ibáñez, miembro del CONICET, director del laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de INECO e investigador afiliado del Center for Cognitive and Social Neuroscience de la Universidad de Chicago (Estados Unidos), se suma al debate: “A ciencia cierta, no se conocen todos los componentes biológicos del trastorno, pero parece claro que uno de los mayores inconvenientes es el mal aprovechamiento de los neurotransmisores cerebrales –serotonina y dopamina–”.
Según explica la doctora Ana María De Lodovici, integrante del Consejo Asesor de la carrera de Psicología de la Fundación Barceló, el término “enfermedad maníaco-depresiva” apareció, por primera vez, en la década de los cincuenta. Su actual denominación (TB) se volvió popular sólo recientemente, y hay quienes prefieren la terminología antigua debido a que provee de una descripción más acabada, de una enfermedad multidimensional que cambia continuamente. “Las modificaciones en el ánimo son cíclicas: la manía pude desembocar en una depresión profunda. En ocasiones, predominan los episodios maníacos o los depresivos. Otras veces, se presenta el ‘estado mixto’, en el que los pensamientos depresivos aparecen en un episodio de manía o viceversa. Cuando el TB se presenta en niños, generalmente lo hace en su forma mixta”, aclara la especialista.

Lo primero es la familia
En el sentir colectivo, el TB está un tanto banalizado. En el trabajo o en el seno familiar, ante una reacción desmedida, uno no vacila en endosarle al otro la frase: “¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás bipolar?!”. Y el asunto es bastante más serio. “Hace muchos años, estaba de moda endilgarle a cualquiera el mote de ‘histérico/a’, y no necesariamente el decir popular era un diagnóstico efectivo de patología –desliza De Lodovici–. Hoy, después de cien años de psicoanálisis, la histeria no nos asusta. Por ahora, no nos sucede lo mismo con el espectro bipolar. Aun erróneamente, acusar de bipolar es tildar de desmedido, de desbordado, de inadecuado”.
¿Pero cómo se trata el TB entre las cuatro paredes del hogar? ¿Cómo se acompaña a quien lo atraviesa? ¿Cómo se lo ayuda? “La familia cumple un rol fundamental, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. Son los familiares los que recuerdan incidentes de euforia que pasaron inadvertidos para el paciente”, comenta Cetkovich. “Por supuesto, el impacto que el TB produce en la familia es muy grande. Por un lado, escoltar a una persona deprimida es muy difícil; y por el otro, las euforias pueden ser muy desestabilizadoras para la armonía familiar, ya que el individuo no sólo está hiperactivo, sino que, además, puede tornarse irritable y no es raro que hagan o digan cosas francamente molestas”.
En palabras de De Lodovici, es básica, en el tratamiento del TB, la toma de conciencia del problema por parte del involucrado y sus allegados. “Las familias de los pacientes bipolares están prevenidas y acostumbradas a tratar con estas personas, aunque no hayan sido diagnosticadas adecuadamente –asevera la experta–. En el interrogatorio familiar, siempre hay una madre, un tío o un abuelo que se deprimían mucho o guardaban conductas extravagantes y dispendiosas. Cuando uno habla con la familia y se le comunica el diagnóstico, siempre aparece la asociación con alguien que, recién en ese momento, se entiende, retrospectivamente, como bipolar. Los íntimos deben estar implicados en el tratamiento. Los jóvenes, por ejemplo, dependen de la familia para medicarse en tiempo y forma, y así, evitar nuevas crisis. Cuanto más joven es el paciente, más difícil es contenerlo, debido a que la ingesta de medicación implica restricciones, como no tomar alcohol, algo muy usual en ese grupo etáreo”.
En la última década, crecieron notablemente las consultas y tratamientos para niños y adolescentes con algún grado de TB. Por caso, The American Journal of Psychiatry publicó, en su portal online, un informe en el que sentenciaba que los hijos de padres con TB tendrían ocho veces más posibilidades, en relación con niños de padres mentalmente sanos, de desarrollar un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Asimismo, tendrían seis veces más probabilidades de tener dos o más trastornos mentales.
“El TB empieza, típicamente, en la adolescencia o en la adultez temprana, incrementando su incidencia en las edades medias de la vida. Estamos haciendo mención a una de las enfermedades mentales más comunes, severas y persistentes, por altas tazas de recaída, ansiedad comórbida, trastorno por abuso de sustancias, disfunción y mortalidad prematura –especialmente, por las altas tasas de suicidios–”, acota De Lodovici.

En los genes
Si bien aún son un misterio los mecanismos de esta disfunción, se conjetura que están determinados, en buena medida, por una predisposición genética. Se calcula que más del 70% del origen del mal está condicionado por cuestiones hereditarias ligadas a los genes, combinados con elementos ambientales.
De Lodovici profundiza el concepto: “Debido a que el TB prevalece en algunas familias, se trató de hallar un gen específico hereditario que incremente la chance de potenciar la enfermedad. Pero los investigadores sugieren que el TB ocurre a causa de una multiplicidad genética. Los factores psicológicos desempeñan un papel protagónico en la psicopatología del trastorno. Otro ejemplo por el que puede desencadenarse una depresión mayor es el fracaso al encarar acontecimientos vitales negativos. Y hasta algunos logros pueden desatar el primer trance maníaco o hipomaníaco. También sucesos como enamorarse, perder a un ser querido, la pubertad, la menopausia, la pérdida del trabajo, un ascenso, una mudanza, el nacimiento de un hijo, etcétera”.
Lo cierto es que no resulta para nada sencillo dar en el clavo. De acuerdo con las estadísticas, el retraso en el diagnóstico puede llegar a extenderse hasta diez años. ¿Por qué? Acaso porque es muy fácil confundirlo con la depresión, ya que, dentro de las oscilaciones del TB, los episodios depresivos son mucho más comunes y duraderos que los de euforia o la hipomanía. Urquina añade: “Por otra parte, en cuanto al abordaje investigativo, hace falta optimizar la caracterización de los procesos cerebrales para poder elaborar diferencias sutiles entre el TB y el TDAH”. Ibañez remata: “Ambos, con una independiente caracterización clínica, comparten perfiles sintomáticos, como la alteración de la cognición, del estado del ánimo, de la motivación y de la interacción social. Reportes internacionales encontraron que doce de los dieciocho criterios diagnósticos para TDAH se superponen con los utilizados para episodio maníaco. Por lo tanto, hay que diferenciar si la coexistencia de TB y TDAH es una verdadera comorbilidad o una amplia manifestación de síntomas emocionales y cognitivos que podrían corresponder a un subtipo de TB o a un subtipo de TDAH”.
La realidad es tajante: no existe cura para el TB. Pero sí puede ser controlado. “El objetivo es dominar, eficazmente, el curso de la enfermedad a largo plazo, lo cual supone el abocarse a los síntomas emergentes. Pero hay un ítem que no se tiene muy en cuenta: el aspecto social”, adelanta De Lodovici, y continúa: “Se debe buscar la plena integración con el entorno. Para ello, es prioritario ‘normalizar’ los trastornos mentales. La erradicación de los estigmas, de los estereotipos, los prejuicios y los rechazos con los que arrastran quienes padecen este tipo de problemas es el mejor instrumento para que el propio afectado reduzca sus niveles de estrés social, que, a veces, son los que le provocan los cambios de humor extremos”.
Por último, desde INECO, asumen que es valiosísimo entablar un diálogo permanente con el paciente y su familia y reconstruir su historia. “El tratamiento tiene tres pilares. El primero es el farmacológico, en el cual se estabilizan las fases por medio de un grupo de fármacos, como el litio, la carbamazepina, el ácido valproico y la lamotrigina. El segundo es la psicoterapia individual, que apunta a que el paciente alcance estrategias de regulación del humor. Y la tercera es la psicoeducación: aquellas personas y familias que conocen al dedillo el trastorno, sus causas y síntomas, tienen una evolución globalmente más favorable”, concluye Cetkovich.

Cómo estar atentos

¿Cómo detectar un caso de TB en la familia? En cuanto a los más niños, hay que percatarse si sufren síntomas de ansiedad frecuente, alteraciones en el estado de ánimo o psicofisiológicas (insomnio, miedos nocturnos, caprichos con la comida) o si padecen de hiperactividad, pasotismo y desafío a la autoridad. En la adolescencia, el TB se hace más evidente, aunque no se clarifica tanto como en la adultez. ¿A qué prestar atención? A trastornos de personalidad límite (pasa de un estado de euforia máxima a uno de depresión alarmante) o a trastornos de estrés postraumático (debido a un trauma infantil o a un trauma reciente). En casos extremos, los afectados pueden caer en psicosis agudas o esquizofrenias. “Lo más difícil es conseguir que el paciente sea conciente de que debe tomar medicación de por vida. Cuando están deprimidos, no tienen dudas sobre el malestar, pero en las fases libres o maníacas, les cuesta más aceptarlo”, sugiere De Lodovici. ¿Algunos consejos para tratar a estos pacientes? Comprender sus estados de ánimo, tenerles paciencia, darles cariño, apoyarlos, ponerse en su lugar, animarlos a que charlen o escuchen atentamente, hacerlos participar de actividades divertidas y recordarles que, seguramente, mejorarán con un tratamiento adecuado.

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Hombres y mujeres, Entendernos mejor

Saturday, September 4th, 2010

Nos cuentan:


Tanto en la vida real como en el cine, las diferencias de género se sienten más fuerte en la relación de pareja. En un debate sobre el tema, tres especialistas en vínculos nos ayudan a comprendernos mas.

Imagine que los hombres sean de Marte y las mujeres de Venus. Un día, hace mucho tiempo, los marcianos descubrieron a las venusinas, se enamoraron e inventaron los viajes espaciales para volar cerca de Venus. Los corazones de ambos se abrieron de par en par y, aunque eran de mundos diferentes, durante años vivieron enamorados y en armonía. Luego decidieron volar hacia la Tierra, en donde se impusieron los efectos de la atmósfera terrestre, y una mañana todos se despertaron con un tipo peculiar de amnesia. Tanto los marcianos como las venusinas olvidaron que eran de planetas diferentes. Desde ese día, hombres y mujeres han estado en conflicto”.

Esta historia sencilla que el terapeuta estadounidense John Gray narra en su libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus es una forma certera de introducirnos en el intrincado y ya conocido universo de los hombres y las mujeres. Que si bien, como acaba de decirse, es un universo ya conocido, no lo es tanto cuando se trata de construir la vida de la mano. Ellas hablan, ellos se retraen. Ellas esperan, ellos piden. Ellas lloran, ellos se enojan… Para todos los especialistas consultados, la solución es una sola: comprender que no somos iguales.
“Suponemos erróneamente que si nuestros compañeros nos aman se comportarán de la forma en que nosotros nos comportamos cuando amamos a alguien. Eso nos decepciona una y otra vez, y nos impide comunicar cuáles son nuestras diferencias”, explica John Gray en su libro. Pero ¿cuáles son esas diferencias? Abramos el debate.

Primer round
“Hay una diferencia bastante común que es que los hombres tienen una conexión menos directa con sus sentimientos y no saben manifestarlos de una manera clara. Mientras que las mujeres sí”, comienza Jorge Moreno, médico psiquiatra y autor del libro 13 consejos para fracasar en pareja.
Beatriz Goldberg, psicóloga especialista en temas de pareja, lo explica de esta manera: “La mujer, para expresarse, utiliza mensajes y metamensajes, se contradice y luego se arrepiente; por el contrario, el hombres es lineal y directo. En pocas palabras, somos más complicadas, porque para decir A o B decimos todo el abecedario y finalmente nos sentimos incomprendidas”.
“Quizás las mujeres deban comprender que la relación del hombre con la palabra es diferente a la de las mujeres. La palabra, en el hombre, es más asertiva, específica y resolutiva. En la mujer es más abstracta, más emocional, menos unívoca. Los hombres se expresan más a través de las acciones, y es importante que las mujeres lo vean”, agrega el especialista en vínculos Sergio Sinay.

Segundo round
Aunque parezca que la principal diferencia radica en la forma en que nos comunicamos, los especialistas ven que el mayor motivo de queja en sus consultorios se debe a otro factor determinante: esperamos, en vez de pedir.
“Los problemas más típicos tienen que ver con la creencia de que el amor nos convierte en telépatas. ‘Si me quisieras, deberías saber que…’ o ‘Deberías darte cuenta de que…’. Eso es trágico, porque crea enormes vacíos de comunicación y, aunque amemos mucho, no somos adivinos”, expone Sinay.
Moreno, por su parte, explica que el problema se origina durante la formulación de las pautas de convivencia: “Durante los primeros tiempos, la pareja define la manera en que van a vivir el uno con el otro, pero la mayor parte de ese ‘contrato’ es implícito, y eso genera problemas. La solución es intentar hacerlo explícito, para tejer una red de acuerdos en la que uno conozca lo que quiere el otro, en vez de tener que suponerlo”.
Sinay también hace hincapié en el diálogo: “Siempre es bueno pedir lo que necesito, ofrecer lo que tengo, preguntar (en lugar de adivinar), decir lo que me molesta. Los grandes problemas de pareja pasan más por lo que no se dice que por lo que se dice”.

Tercer round
Ante la imposibilidad de comprender nuestras diferencias, generamos un problema mayor: querer cambiar al otro. Y si alguien pensó en lograrlo, ni lo intente: es imposible.
“Muchas veces uno cae en el supuesto de ‘porque me quiere, va a cambiar’, y no. Creer que uno puede cambiar al otro es un mito. Lo único que se puede hacer es, cuando se detecta una actitud negativa nueva, trabajarla a tiempo, para que no pase de ser una manifestación de la personalidad a un rasgo permanente”, comienza Moreno.
Sinay se suma, también en desacuerdo con la filosofía de moldear la pareja a gusto y piacere: “Muchos problemas se presentan por ignorar las diferencias irreconciliables. Y ante eso, hay personas que, erróneamente, se empeñan en cambiar al otro o en cambiar para el otro. Lo único que genera eso son problemas serios”.
En su libro Soy mujer, ¿y qué?, Beatriz Goldberg también aborda el tema: “¿Por qué deberíamos pedirle a un hombre que sea ordenado, que no mire fútbol o que no se junte con sus amigos, si eso lo hace feliz? Las mujeres experimentamos un deseo constante de formar al príncipe azul. Nuestras parejas deben rendir exámenes de todo tipo, ser comparados y exigidos al máximo. No intentemos cambiarlos. Dejémoslos ser libres y caminemos a la par”.

Knock-out o ave fénix
“Enamorarse es siempre algo mágico. Pero cuando la vida diaria comienza a imponerse, los hombres siguen esperando que las mujeres reaccionen como hombres, y las mujeres esperan que los hombres se comporten como mujeres. Aún con las más afectuosas intenciones, los problemas se hacen camino, la comunicación se interrumpe y muere el amor”.
Así explica John Gray la llegada de una crisis. Pero el debate continúa, porque así como hay motivos para fracasar en pareja, también hay formas de resurgir desde las cenizas.
“Para evitar los malos tragos, hay que comprender que una pareja está compuesta por dos personas, algo que parece una obviedad, pero que es un absoluto importante, porque mientras siga habiendo dos personas autónomas abiertas al intercambio, habrá pareja. Cuando no las haya, habrá crisis”, expone Moreno.
“Frente a los peores momentos, lo mejor es que las mujeres, con nuestra capacidad de multiplicarnos y nuestra sensibilidad para ver, no nos dejemos abrumar por lo que sucede”, propone Goldberg, mientras Sergio Sinay hace lo propio con los hombres: “Nosotros debemos aprender a escuchar siempre que ellas lo necesiten. Por lo demás, hay muchos aspectos del otro que nunca entenderemos. Lo grave ocurre cuando no los respetamos”.
Un consejo certero llega de la mano de Jorge Moreno: “Cuando la pareja está llegando a una crisis intensa, lo mejor es alejarse un momento de las emociones y poner primero la cabeza. Es como subir un escalón y mirar el problema desde arriba, para hacer que él, y no nosotros, sea el objeto de debate”.
¿Un secreto más? Entender que la relación de pareja es un devenir, un caminar juntos, un crecimiento dinámico y que, por eso, no hay que atarse a fórmulas preestablecidas, porque, tal vez, lo que antes funcionaba ya no funcione.
“Es necesario construir amor, confianza y comunicación desde el principio. Cuando una pareja cuenta con esto, tiene depósitos en su caja de ahorro afectiva que le permitirán afrontar las crisis, que son parte natural de un vínculo”, concluye Sergio Sinay.

“Los marcianos y las venusinas vivieron en paz porque fueron capaces de respetar sus diferencias”.

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Ganarle al tiempo

Saturday, September 4th, 2010

Nos cuentan:


Veinticuatro horas parecen suficientes para cumplir con nuestras obligaciones laborales, académicas y personales. Sin embargo, la sensación es que nunca alcanzan para cubrir todas las expectativas. ¿Cómo organizarse? Los especialistas responden.

Hay un refrán irrefutable que dice que el tiempo es tan universal como democrático. Que todos disponemos de 24 horas, 1440 minutos y 86400 segundos para realizar los quehaceres cotidianos. Esto es claro. Sin embargo, la sensación de los hombres, las mujeres y los adolescentes del siglo XXI, tan problemático y febril como su antecesor, es la de que esa cantidad de horas, minutos y segundos… no alcanzan.
“Mis mañanas son una especie de cuenta regresiva: tengo que apurarme para desayunar, bañarme, peinarme, maquillarme y llegar a horario a la estación de tren”, cuenta Dolores, 28 años, contadora. ¿El caso le resulta familiar? ¿Se siente identificado con ella?
El tiempo, que vuela, es tirano y vale oro, corre detrás de uno, persiguiéndolo. “Hoy por hoy, las personas están arrojadas a una carrera desenfrenada, cuya meta es ganarle al tiempo. Carrera que, inevitablemente, perdemos”, aporta la psicóloga Gloria Husmann. “La concepción del tiempo, no cíclica, sino lineal, constituyó la fuente de la vivencia actual al introducir la conciencia de las dimensiones de pasado, presente y futuro. La invención y difusión del reloj permitió que desarrolláramos la idea del ‘tiempo que pasa’ y del ‘tiempo que se pierde’. Como al ser humano no le gusta perder, pretendemos aprovechar al máximo ese bien preciado y precioso. Entonces, llenamos el día con actividades y no dejamos espacio para el ocio y, en muchos casos, para el descanso necesario”.
Las diferentes personalidades juegan un rol especial en la cuestión. No se exige lo mismo una persona competitiva y buscadora de logros, que aquella que no lo es tanto. Es que el universo del ser humano puede ser bien complicado: mientras algunos piensan que el tiempo les resulta escaso, otros creen que podrían aprovecharlo aún más (con el riesgo de emprender más cosas de las que se pueden hacer). Ni hablar si alguien del entorno se atreve a mencionar que le sobra tiempo. Seguro que no trabaja mucho, que no tiene preocupaciones y que vive panza arriba. “Efectivamente, existe esa idea de que no estoy ‘sacándole el jugo’ al día y que deberíamos esforzarnos un poco más. Pero la paradoja, irónica, es que si no hacemos esto… nos aburrimos”, grafica la socióloga Graciela Chiale.
“Como Chaplin lo marcó en Tiempos modernos, la noción de ‘Time is money’, frase de Benjamin Franklin, y el sometimiento del hombre y la mujer a las exigencias de rendimiento son propias de la Revolución Industrial y la sociedad occidental”, explica Roberto Sivak, médico psiquiatra, psicoanalista y director del Instituto Estrés Trauma Buenos Aires (IETBA). “Esas exigencias aumentaron en los últimos cuarenta años a partir de la mayor competencia por los lugares de trabajo, de las diversas y numerosas formas de esparcimiento, y de las grandes migraciones a las ciudades. Se requiere trabajar más horas, se emplea mayor tiempo en los traslados y se ‘estira’ el tiempo para lograr algo de esparcimiento, cuidar la vida familiar y afectiva, y atender la propia salud”.
Desde el punto de vista sociológico, Chiale coincide con Sivak y suma al debate otro ingrediente: la llegada del capitalismo. Para la especialista, a mayor cantidad de trabajo, mayor acceso a los bienes de consumo. “Pero esto es solo una ilusión”, sentencia la socióloga. “Cuando se accede a un bien ‘deseado’, inmediatamente aparece otro que provoca un nuevo deseo enmascarado como necesidad. Como la necesidad se hace urgente e inmediata, invertimos más tiempo en el trabajo para cumplir con el objetivo”.

El reloj de Cortázar
El tiempo, o la falta de él, es una preocupación mundial que lleva a muchos a buscarle “soluciones”, por disparatadas que parezcan. En España, dos madrileñas fundaron, en 2003, una empresa a la que bautizaron –no muy originalmente– No tengo tiempo. Por un puñado de euros, se encargan de alivianarles la agenda a aquellos que la tienen colapsada. De este modo, realizan trámites al estilo de pagar la matrícula del colegio o las multas, hacer la cola en organismos públicos, buscar casa o renovar el carné de conducir.
En definitiva, se trata de dominar al tiempo antes de que el tiempo domine al hombre. A propósito, Husmann cita a Cortázar: “En el preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj, él escribe: ‘No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj’”. Sivak ahonda: “El dominio del tiempo es evidencia de un logro madurativo emocional y psicológico. Se requiere equilibrio, claridad de objetivos, tolerancia a la frustración y actitud realista para dominar bienes que, si se agotan, no tienen reposición sencilla. La percepción de ser dominado por el tiempo se relaciona con personas con rasgos obsesivos, compulsivos, inmaduros, con ideales distorsionados, con tendencia al perfeccionismo o a la postergación y exigentes al punto de que todo lo que hacen les parece poco”.
Los avances tecnológicos también cargan con cierta responsabilidad. O, mejor dicho, los efectos que ellos producen en los seres humanos. “La tecnología puede generar conductas adictivas, de dependencia”, desliza Sivak. “En ciertas personas, por ejemplo, no leer o responder diariamente todos los e-mails puede provocar severos trastornos de ansiedad. ¿Qué pasa? Se confunde lo urgente con lo importante. La ansiedad lleva a la distorsión del uso del tiempo y la energía. Se descuidan proyectos que requieren planificación y serenidad”.
A la exclamación: “¡No tengo tiempo!” se le puede asociar otra: “¡No tengo vida!”. No obstante, los expertos aconsejan no detenerse en evaluar si uno tiene o no vida, sino en analizar las elecciones que se hacen, en implementar recursos para afrontar las responsabilidades con inteligencia y en establecer prioridades. No es sencillo, pero tampoco imposible.

Sincronicidad
Lo que uno hace, lo que uno debería hacer y lo que a uno le gustaría hacer. El secreto está en lograr un equilibrio óptimo entre estas tres variables. ¿Se puede? “Los hábitos pueden modificarse hasta encontrar la sincronicidad con la propia subjetividad. Esto promueve una determinada actitud frente al tiempo y frente a la vida”, define Chiale.
Para Husmann, utilizar óptimamente el tiempo es responder al recorte que cada uno haga de sus prioridades. “Cada persona tiene una relación propia con el tiempo –sostiene la psicóloga–. Pero existen plazos y fechas que hay que respetar. Es ahí donde la organización en el manejo del tiempo es fundamental. ¿Cómo? Hay varias maneras. A saber: medir el tiempo real que insume cada tarea y no distorsionarlo (pensábamos que lo resolvíamos en diez minutos y nos termina consumiendo media hora); prever tiempo para los imprevistos (un corte en la ruta, la caída del sistema en el banco, la computadora que se cuelga o el celular sin señal o sin carga son situaciones frecuentes que pueden tornarse insoportables); no vivir como un fracaso personal no poder cumplir con todo (no todo depende de nosotros); evaluar qué objetivos o tareas pueden ser pospuestos o modificados (no todo requiere de una inmediata ejecución); programar momentos de relax (después de una pausa, el rendimiento laboral se incrementa); no pretender hacer todo a la perfección (un alto nivel de autoexigencia no sólo perjudica la salud, sino que también afecta la flexibilidad para encontrar soluciones alternativas a las dificultades), y aprender a decir ‘no’ (no entrar en una vorágine de compromisos imposibles de cumplir, ya sea en el trabajo, en la casa o en nuestro círculo de amistades; esto provoca un grado de estrés innecesario. Decir ‘no’ asertivamente ahorra energía que podrá ser mejor utilizada”.
Alguna vez, la actriz norteamericana Shirley MacLaine argumentó que la conciencia del tiempo es igual a estrés, agotamiento corporal y emocional. Por ello, comenta Chiale, es tan importante organizarse, ya que eso le permite a uno realizar la mayor cantidad de tareas acordes con sus posibilidades y deseos. No hacerlo puede acarrear consecuencias indeseadas.
“El primer inconveniente es la sensación de insatisfacción provocada, la mayoría de las veces, por el estrés. Sentir permanentemente el sonido de una alarma interior que nos advierte que algo puede suceder o que nos estamos perdiendo de algo genera una constante tensión que afecta la calidad de vida”, afirma Husmann. “Aquellos que acuden a una consulta por no estructurar sus labores presentan síntomas como ansiedad psíquica y física (palpitaciones, hipertensión, gastritis, colon irritable), viven reprochándose a sí mismos, se deprimen, tienen conflictos familiares y padecen un decaimiento en su rendimiento laboral y académico”, diagnostica Sivak y concluye: “Cambiaría la frase ‘El tiempo es dinero’ por ‘El tiempo es una oportunidad… de vivir mejor’”.
nueva

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